Monguis

monguis, bonguis, setas o psilocibes

Son recolectados unos pequeños hongos que, al ser consumidos, provocan desde hilaridad hasta vívidas alucinaciones visuales y auditivas. A pesar de su gran aceptación y su fama de droga segura, los monguis no dejan de ser un sustancia que, empleada inadecuadamente, puede dar un buen susto o acarrear consecuencias imprevistas y desagradables.

Las líneas que siguen pretenden ofrecer un poco más de información  sobre estos hongos y su uso, con la esperanza de que de esta manera su consumo no se convierta en una pesadilla.

Presentación y composición

Lo que habitualmente se recolecta en nuestras montañas como monguis (y en los que me centraré en este artículo) son unos hongos llamados en latín Psilocybe semilanceata.

Se trata de unas pequeñas setas de entre 4 y 10cm de alto, con pie delgado y sombrero cónico o acampanulado de unos 0.5 a 1.5cm de diámetro, que habitualmente presenta un mamelón o pezón en la punta de color ligeramente más oscuro que el resto. El color varía entre crema si la humedad no es muy alta hasta pardo oscuro si están empapados por la lluvia o por el rocío (si el mongui está húmedo el reconocimiento del pezón puede verse dificultado).

Las láminas que hay debajo del sombrero son de color pardo-oliva a pardo-púrpura, mientras que el pie es generalmente del mismo color que el sombrero. Otro carácter de gran interés, común a todos los hongos psilocibios, es la coloración azulada que presentan en los lugares por los que se rompen. Esta coloración está provocada por la psilocina y la psilocibina, que al contacto con el aire se oxidan y se tornan azules

Los monguis crecen en zonas de clima húmedo, en prados y claros de bosque de entre 700 y 1100m aproximadamente. La  presencia de ganado los hace más abundantes pues éste, con sus boñigas, estercolea el campo y crea las condiciones que favorecen su aparición. A pesar de su relación con las cagadas del ganado, Psilocybe semilanceata no crece nunca directamente sobre las boñigas. La época más favorable para su crecimiento es hacia septiembre u octubre, cuando empieza a hacer algo de frío y llueve abundantemente. A pesar de ello es fácil encontrarlos en pleno verano después de alguna fuerte lluvia. Una vez llegan las primeras heladas desaparecen.

Efectos

Los efectos típicos de la embriaguez por monguis (que se explicarán más adelante) son producidos por los principios activos contenidos en los hongos; la psilocina, la psilocibina y, en menor medida, la baeocistina y la norbaeocistina.

Además de Psilocibe semilanceata, existen unas 96 especies de hongos que contiene psilocibina y/o psilocina (para una lista completa de estas especies ver Pharmacotheon, pp. 304-307, de Jonathan Ott). De entre estas especies son comunes en Navarra Ps. cyanescens, Ps. serbica, Panaeolus sphinctrinus, P. fimicola y P. campanulatus, aunque los más conocidos y recolectados son, como ya se ha dicho, los Ps. semilanceata.

El contenido en principios activos de los hongos varía dependiendo de la especie recolectada, la época del año, el lugar en que ha sido recogido... aunque en términos generales se podría decir que, para la psilocibina y psilocina en conjunto, ronda el 0.03% en los hongos frescos (un 0,3% en hongos secos).

Dosis

Como será difícil disponer de una báscula y conocer la concentración exacta de psilocina y psilocibina en los hongos, a modo de orientación estas cantidades se traducen en unos 8-10 bonguis para echar unas risas, 20-22 para tener moderadas alucinaciones, y 35-40 para tener un gran viaje.

Es necesario subrayar que estas cantidades son meramente orientativas. 

Condicionantes de los efectos

El efecto variará dependiendo de cada persona, su peso, sexo, sensibilidad, predisposición... y como ya se ha dicho antes, de los hongos recolectados. Por todo ello se recomienda consumir los hongos poco a poco, dosificando las tomas y observando los efectos que van produciendo. Es recomendable no comer mucho antes de consumir los hongos pues el efecto se reduce considerablemente.

Los efectos de la embriaguez por psilocina y psilocibina son similares a los de la LSD o la mescalina (principio activo del Peyote y otros cactus visionarios), indistinguibles según algunas personas, aunque para otras presenta ciertos matices. El viaje es más corto que con la LSD, durando entre 3 y 6h con dosis medias y hasta 8h con dosis altas, y los primeros síntomas aparecen a la media hora de haber consumido los hongos. Dependiendo de la dosis los efectos variarán de la siguiente manera: a dosis bajas aparecerá un ligero estado de embriaguez en el que domina la risa fácil y la locuacidad; con dosis medias los objetos parecen ganar relieve y dimensiones inusuales, los colores parecen más brillantes, cambia la percepción del entorno y del tiempo, y con los ojos cerrados se observan coloreadas imágenes que cambian continuamente de forma a modo de caleidoscopio; con dosis más altas cambia la manera en la que sentimos las cosas y aparecen fuertes alteraciones de la percepción, visuales principalmente, aunque también auditivas, acompañadas de profunda sinestesia (la sinestesia consiste en la percepción de algunas cualidades de los objetos por sentidos que no son los correspondientes; se escuchan los colores, se ven los sonidos...). Su capacidad para generar visiones es similar a la de la mescalina y superior a la de la LSD, y se distingue también de ésta última en que no provoca con tanta frecuencia experiencias de “muerte y resurrección”.

Riesgos

Mención especial merece el llamado “mal viaje”.

Con dosis no demasiado altas de psilocina y psilocibina, y dependiendo de nuestro estado de ánimo y el entorno en que nos encontremos, pueden surgir situaciones incómodas o no deseadas.

Es común, por ejemplo, darle vueltas continuamente a alguna idea o pensar que todo el mundo nos mira o habla de nosotr@s (rayarse). Si la dosis consumida es muy alta el mal viaje puede ser muy duro, ya que pueden darse experiencias de gran intensidad emocional que producen miedo y angustia si no se sabe cómo canalizarlas. En caso de que nos ocurra algo similar, al día siguiente puede resultar interesante dedicar un poco de tiempo a digerir la experiencia.

A veces el mal viaje puede resultar muy angustioso, si bien es verdad que mucha gente opina que se puede aprender mucho de ellos.

Recomendaciones

La idea general que de los monguis se tiene es que, por ser naturales, son buenos. Conviene advertir que los riesgos a la hora de consumir monguis son similares a los de la LSD, y las precauciones a tomar apenas menores.

Debemos tener en cuenta que no sabemos a ciencia cierta el efecto que van a producir en nuestro cuerpo, y que nuestro estado de ánimo y el entorno en que nos encontremos, así como la dosis que consumamos, condicionarán enormemente el desarrollo del “viaje”. Si alguna vez has tenido alguna experiencia traumática que no has encajado bien, no viajes, puedes revivirla de forma muy desagradable. Tu estado de ánimo debe ser bueno, sin agobios ni preocupaciones, pues los hongos psilocibios acentúan tu humor (bueno o malo...).

Además de vigilar tu situación personal, conviene consumir siempre acompañado de gente de confianza y en un entorno agradable en el que podamos, si es necesario, encontrar tranquilidad absoluta. Probablemente los monguis no sean la droga ideal para salir de marcha o ir a bailar a una discoteca. No consumas si al día siguiente tienes responsabilidades, no estarás en condiciones, y evita las situaciones o actividades que entrañen un riesgo (conducir vehículos...)

Es mejor consumir dosificando las tomas, poco a poco y viendo los efectos que nos van causando. Es probable que los efectos tarden en llegar; no hay que impacientarse, si se comen más pueden subir de golpe. Ante un mal viaje conviene mantener la calma y recordar siempre que se está bajo la influencia de una droga; tarde o temprano pasará. No es recomendable irse a dormir pues no se podrá dormir. Por el contrario, se mantendrá a la persona afectada en un lugar tranquilo, lejos de estímulos intensos (luces y música) y siempre en compañía de una persona de su confianza. Si la cosa va muy mal se debe acudir a un centro médico e informar de la sustancia que se ha consumido.

A la hora de recolectar los monguis se debe estar seguro de lo que se coge. No todas las setas pequeñas que crecen en los campos son monguis, y conviene tener en cuenta que existen algunas especies que crecen en los prados, de aspecto y tamaño similar a los monguis, pero venenosas y en absoluto alucinógenas. Es recomendable familiarizarse con los caracteres que distinguen a los monguis de otras setas (para lo que se pueden consultar guías de micología) y las primeras veces salir a cogerlos al campo con alguien que los conozca.

Es mejor no arrancar los monguis si no cortarlos. De esta manera el micelio (la parte del hongo que va por debajo de la hierba y que no se ve, las raicillas por decirlo de una manera sencilla) no se estropea y al año siguiente puede seguir dando una buena cosecha de monguis. Los ejemplares recolectados no deben ser ni muy viejos ni muy jóvenes (pezqueñines no, gracias!), es preferible que no estén estropeados (te comerías una lechuga con las hojas estropeadas?) y es recomendable limpiarlos un poco (date cuenta que su hábitat son los campos donde caga el ganado...). Creo que no está de sobra decir que no hay que esquilmar el monte y que conviene no ir siempre a los mismos sitios. El monte está lleno de monguis, aunque la concentración de los recolectores en tres o cuatro zonas puede acabar por extinguir estas especies en dichos lugares.

La mejor manera de almacenar los monguis es secándolos. El secado no debe ser muy rápido para no alterar las propiedades psicoactivas, y una vez secos se pueden guardar en el frigorífico en bolsas herméticas. De esta manera pueden aguantar meses sin perder propiedades. Por el contrario congelarlos frescos es la manera más segura de estropearlos.

Legalidad

En cuanto al aspecto legal, la psilocina y psilocibina son sustancias incluidas en la Lista I del Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de Viena (1971), lista en la que se incluyen sustancias consideradas sin uso médico alguno y con grave potencial adictivo. Esto quiere decir que su uso está restringido a la investigación, y que su tenencia y tráfico están penados por la ley. La recolección de monguis no es ilegal, ya que es un hongo que crece libremente en el monte, aunque si el o la Guardia Civil de turno considera que la intención de tal recolección es el consumo específico de las sustancias que contienen, nos podrá multar. Como se ve, nos encontramos ante una profunda contradicción que deja al arbitrio del o de la agente nuestra suerte.

Bibliografía:

Artículo revista nº 4 “Monguis”, págs 26-30.

Artículo revista nº 13 “De viaje por América ”, págs 9-12.

Artículo revista nº 8 “Mandrágora, beleño, belladona e higuera loca:solanáceas empleadas en europa ” , págs 22-27.

Artículo revista nº12 “Psiconáutica: vía de conocimiento y expresión”, págs 16-19.

 

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