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FAMILIAS
Vivimos en una sociedad, en la que la inmensa mayoría somos consumidores de drogas (café, cacao ó té en el desayuno, vino ó cerveza en las comidas, copa ó cubatas en celebraciones, tabaco, medicamentos ó cannabis de continuo, speed, pastillas, coca...). Algunas forman parte de nuestra dieta, otras buscan remedio a nuestros males (son terapéuticas) y algunas otras, las consumimos como mero placer. Todas estas sustancias realizan una función, son consumidas con alguna funcionalidad.
Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que, a lo largo de la historia y prácticamente en todas las sociedades conocidas, ha existido una relación con sustancias, que hoy las denominaríamos drogas. Pero esta noción de droga varía según las representaciones culturales y la época.
Los consumos ritualizados o culturales de éstas sustancias no se han considerado “problema”. Su uso no se ha definido como abuso, y el abuso eventual ha sido considerado como un accidente.
¿Qué podríamos decir del vino? Simplemente tendríamos que echar un pequeño vistazo a la historia de las drogas. (ver historia de las drogas)
El uso de cannabis se remonta a ceremonias chamánicas del mesolítico, el cual ha evolucionado en usos y formas hasta el día de hoy, interrelacionándose con un sinfín de culturas. Es muy conocido dentro de la farmacopea China (Siglo I d.c), al igual que en la India, Egipto, Grecia Clásica, etc.
Drogas han existido siempre y aunque en ocasiones hayan existido usos problemáticos de las mismas, nunca han causado los problemas actuales. Las sustancias no han cambiado en líneas generales; siguen existiendo estimulantes, analgésicos, depresores, alucinógenos,... lo que ha cambiado es la sociedad y la relación con las sustancias. Si que ha cambiado también la forma de presentarse la sustancia, ahora más artificiales, pero eso no deja de ser una característica intrínseca a la sociedad actual, “artificial”, en la que se pueden crear incluso células clonadas.
Por lo tanto, drogas ha habido, hay y habrá, puesto que cumplen una función en el bienestar de las personas. Y puesto que forman parte de la sociedad, pueden suscitar interés en las personas, y más concretamente en los adolescentes por sus propias características de investigadores del mundo, e incluso surgir las ganas de experimentar con ellas, por lo que deberíamos aprender a convivir en un mundo con drogas.
Podemos definir drogas como “aquellas sustancias químicas, que se incorporan al organismo humano, con unas características farmacológicas que producen alteraciones en el estado anímico y/o de percepción de las cosas. Estas sustancias ayudan a sedarse, estimularse, atenuar el dolor o a conseguir eso que llamamos “estados alterados de conciencia”. Pero las consecuencias y funciones que cumplen, varían a partir de las representaciones sociales, culturales y económicas de los grupos sociales y de cada momento histórico”.
Podemos incluir en dicha caracterización; cafeína, tabaco, cannabis (porros), alcohol, medicamentos (analgésicos, tranquilizantes, antidepresivos), anfetaminas (Speed), éxtasis (pastillas), cocaína, heroína, algunos hongos y setas, etc.
Las drogas pueden ser, como dice J. Carlos Berrio; “Bálsamos o Venenos”. Las drogas no son buenas o malas, son objetos inertes, sin vida propia. Se puede catalogar de bueno o malo un hecho o acto, no los objetos, puesto que dependen del uso que se haga de ellos (en éste caso; las drogas). A modo de reflexión, pensemos por un momento; ¿Un cuchillo es bueno o malo?.
Se han encontrado usos terapéuticos de todas ellas, pero algunas han sido poco estudiadas por su condición de ilegalidad. De todos modos, es cierto que no existe consumo sin riesgo, aunque no necesariamente daño, incluido el de sustancias tomadas con supervisión médica.
El hecho de que existan drogas legales e ilegales no se basa en la mayor o menor peligrosidad ni adictividad de las mismas, sino en base a la aceptación o no de las mismas por los diferentes Convenios Internacionales.
También depende de sí la sustancia forma parte de las tradiciones culturales de los países “avanzados” que son quienes crean las normas mundiales.
A modo de ejemplo podríamos hablar de la nicotina; es la sustancia que causa mayor adicción, pero su nivel de peligrosidad es bajo, otra cosa son los alquitranes y sustancias irritantes mezclados con ésta en el cigarrillo “industrial” causante del 20/30% de las muertes anuales.
El alcohol y la heroína son sustancias que producen un fuerte síndrome de abstinencia, mucho más fuerte y peligroso en el caso del alcohol (Delirium tremens), que puede causar la muerte de la persona, cosa que no ocurre en el caso de los opiáceos.
Podríamos hablar incluso de la elevada adictividad y peligrosidad, sin control e incluso con este, de ciertos analgésicos y antidepresivos de uso legal.
En contraposición el THC, principio activo del cannabis (porros), es relativamente inocuo y la dependencia psíquica que genera es menor que la de la cafeína, teobromina/teofilina (cacao) o teína del té y no produce dependencia física como es el caso del alcohol.
Por lo tanto, cuando hablamos de drogas deberíamos saber distinguir y concretar por sustancias, y no hacer demagogia sobre la peligrosidad de las mismas.
Vivimos en una sociedad compleja, y el fenómeno del consumo de drogas como parte de ésta, también lo es. Como vamos a poder observar, HAY QUE APRENDER A VER MÁS ALLA DE LA SUSTANCIA.
No obstante, como indica claramente Zinberg (1984), “las drogas y su uso no pueden percibirse como algo que sucede exclusivamente entre la sustancia y el consumidor”.
Para poder determinar los efectos de la interrelación entre una droga y un individuo, es necesario tener en cuenta el contexto en que se realiza, incluyendo en éste el propio momento histórico.
Este modelo se fija en la multidimensionalidad del fenómeno, en el que cada dimensión no se encuentra aislada sino en interacción recíproca y dinámica, es más que la suma de los factores.
En el ámbito individual se han identificado diversas variables que intervienen en el uso de drogas: genéticas, psicopatológicas, ambiente familiar, características del grupo de identificación, ambiente escolar, lazos afectivos establecidos, conocimientos referidos a las sustancias y sus efectos, actitudes respecto a las sustancias, intenciones de conducta y habilidades para la vida...
En el marco de las sustancias psicoactivas, los factores que intervienen en su uso son: la composición farmacológica, la forma de presentación, el precio... y hay que tener muy en cuenta la dosis, la toxicidad y adulteraciones, la frecuencia de consumo, el estilo de uso, las sensaciones que producen...
Con respecto al entorno, es decir, al contexto físico, social y cultural en el que los individuos y las sustancias se hallan inmersos en un momento histórico determinado, los elementos clave explicativos o condicionantes son: la disponibilidad de la sustancia, dónde se comercializa, dónde se consume, con quién, el marco legal que las regula, las representaciones sociales de las drogas (expectativas, funciones que cumplen, aceptación o no de la sociedad...), mitos culturales con relación a las mismas, la relación jóven-adulto, etc.
Dependiendo de cómo se conjuguen Persona-Sustancia-Contexto, podríamos tener un tipo u otro de relación con las drogas; desde el que no consume, pasando por los que tienen un consumo no problemático y las menos que tienen usos problemáticos (de todas maneras, no todo es heroinómano degenerado, tirado, delincuente, etc.). Debemos recordar, que la mayoría somos consumidores de drogas, de una u otra manera.
Así pues, no sería acertado centrarnos ni poner el énfasis en la sustancia (visión monodimensional y simplista) y poner más énfasis en el uso que se haga de las mismas (todo el que bebe alcohol, no es alcohólico).
La persona tiene mucho que decir en la conducción de su ser, ella es la responsable de su vida y como tal debe responsabilizarse de sus actos.
El consumo debe ser una decisión personal. Disponiendo de información y formación suficiente, puede considerarse una decisión libre y valorada, y con una madurez o recursos personales suficientes no debe preocuparnos en exceso.
Si que es cierto, que por las características no solo de la sustancia (recordemos el triángulo), los actuales consumos de alcohol, tabaco, heroína, ketamina y cocaína resultan más difíciles de controlar, o de mayor riesgo, pero no suele ser así con otras sustancias.
¿Qué nos debe preocupar realmente?
Es importante mostrar preocupación, pero sin alarmas. Preocupación por como afecta a su desarrollo como persona, a su maduración y autonomía, a su socialización, a su salud...
Lo importante no es el hecho de que consuma o no, sino como afecta este consumo en su vida y cómo consume, podremos analizar como transcurre su formación en lo académico y personal, sus relaciones y habilidades para relacionarse, sus metas y objetivos a corto y largo plazo, qué le atrae, alicientes por la vida, situación familiar, capacidades para la vida, enfermedades que dan un carácter especial a la persona (nivel físico y psíquico), si tiene un consumo responsable o compulsivo, si dispone de información real... ; es decir, conocer realmente a nuestros hijos y su contexto.
Las drogodependencias o los consumos compulsivos no son la causa de... sino la consecuencia de... Determinados consumos son la voz de alarma o el chivato anunciador de que algo hay detrás que no funciona, pero fijémonos en todos los aspectos que describen el uso de drogas (triángulo de Zinberg).
Mas adelante veremos qué se puede hacer ante un posible consumo y como actuar.
• Educar para convivir en un mundo con drogas; Cesión de responsabilidades, ser críticos, enseñar habilidades sociales...
• Potenciar factores de protección; autonomía, autoestima, autocontrol, clarificación de valores, normas claras, la comunicación: relación fluida y de confianza con los hijos, implicarse en la escuela, factores de protección relacionados con el entorno sociocultural de los hijos...
• Evitar que las drogas sean una fuente de conflicto con los hijos, evitemos que sea un tema tabú, y no lo saquemos de quicio. Si existe alarmismo por parte de los progenitores y desinformación, no existirá una comunicación de confianza. Las drogas son una parte más de sus vidas (no la más importante), y además de dejar clara cual es nuestra postura ante las drogas (ante todas), puede ser un aspecto más de negociación.
• No refugiarse en la autoridad o experiencia como argumentos explicativos. Los adolescentes tienen una gran capacidad para encontrar contradicciones en los mensajes adultos y si no damos argumentos de peso, perdemos importancia como locutor de confianza.
• Ofertar y promocionar la construcción de un ocio que no necesite contar con determinados consumos.
• Ofrecer modelos de ser, ser escaparates donde fijarse.
• Hacerles reflexionar, para que encuentren sustitutivos a las drogas como desagobiantes, como calmantes, y como experiencia emocional de felicidad.
La mejor droga es nuestro propio cuerpo y la autosugestión, además existen muchas actividades para relajarnos y tranquilizarnos que no necesitan sustancias de por medio, pero tenemos que ofrecer ejemplo, más que decirlo.
• Mostrar preocupación sin alarmas; por como afectan a su maduración, socialización, salud.
1. Analizar la situación con realismo; debemos mostrar atención a las características de nuestros hijos, evaluar el contexto de su vida y tener clara que sustancia consume realmente, cómo, cuánto, con quién, dónde...
Para analizar la situación no debemos ser bruscos, sino basándonos en la observación y preguntando que no parezca un interrogatorio, podemos dar rodeos para conseguir muchos de los datos. Que no se nos ponga en contra incluso antes de saber la situación real.
2. Una vez evaluada la situación, elaboraremos un plan de acción sobre los aspectos conflictivos, insisto, sin dramatizar, olvidémonos por un momento de la heroína como referente, es incomparable a las sustancias consumidas en la actualidad.
A la hora de negociar y dialogar, expresar sentimientos y nuestras preocupaciones siempre ayuda, no debemos obsesionarnos con terapias de reorganización de la personalidad (puesto que son personalidades inestables propias de la edad), sino un aprendizaje acompañado, el apoyo cercano...
Ofrecer alternativas y colaborar en la organización de otras actividades si nos lo pide, es decir podemos ofrecernos, no imponer ni atosigar.
3. Seguro que lo estáis haciendo bien, el simple hecho de preocuparos por mejorar y perfeccionaros dice mucho. Aunque parezca que no nos hacen caso, no es así, en el inconsciente lo interiorizan y luego sirve de muleta para que el consumo no sea problemático, si se da, y no dejará de ser una etapa más de sus vidas de la que también aprenderán y saldrán fortalecidos.
Si en algún momento, os preocupa alguna situación y queréis hablar con la asociación o queréis disponer de algún material, existen más materiales en los que apoyaos disponibles en la asociación.
- DI NO A LAS DROGAS, las drogas matan.
- Dar información más o menos objetiva, pero destacando mucho los problemas. MOLARÍA QUE NO CONSUMIESES.
- Educar para vivir en un mundo con drogas e informar objetivamente sobre pros y contras. TÚ DECIDES y debes asumir las consecuencias como una persona adulta y madura.
Desde HEGOAK, intentamos seguir el tercer modelo y creemos que los valores que debería promover la educación son;
- Capacidad crítica y de razonamiento.
- Independencia para ser autónomo, no individualismo.
- Responsabilidad.
- Creatividad.
- Fomentar una actitud de respeto, a la que contribuye el conocimiento de otras formas de cultura, no de razas.
- Educar para el conflicto. Hacer de este un elemento positivo, productivo, lleno de posibilidades. No enfocar la victoria como vencedores y vencidos sino que todas las personas ganamos si llegamos a resolver, juntos, nuestras diferencias, sin perjudicar a nadie.
- Educar para la comunicación; introduciendo la curiosidad por contrastar y ampliar nuestros puntos de vista.
- Educar para la sostenibilidad, la justicia y no violencia en todas sus formas. Algo es justo y debería ser un derecho si todo ser humano puede hacerlo a la vez sin perjudicar al otro. Relaciones sostenibles.
Para tratar estas y otras ideas, así como para atender las necesidades de familias con una situación concreta estamos a vuestra disposición en la sede de la asociación o en los teléfonos 948 26 97 56 ó 636 92 45 82. Nos podemos juntar en la asociación y juntas reflexionar en la elaboración de propuestas de trabajo que permitan dar salida a alguna situación difícil o complicada.
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